Tiempo de lectura: 4 minutosEl Día Internacional de la Mujer, es un día lleno de controversia y contradicciones, manifestadas principalmente a través de las redes sociales, las que por un lado están repletas de mensajes y felicitaciones hacia el sexo femenino, halagándonos por nuestra belleza, fortaleza y nuestro papel “pasivo en la sociedad” y por el otro podemos ver quienes rechazan este día con absoluta vehemencia, argumentando que su existencia es el prefecto ejemplo de la contrariedad de la lucha feminista (de la cual evidentemente conocen nada). Habrá también un pequeño porcentaje, minúsculo para ser enfáticos, que en verdad conozca y reconozca la lucha de las mujeres del pasado que nos han hecho ganar terreno en esta sociedad machista, la misma por la que día a día trabajamos las mujeres del presente y que hoy conmemoramos y utilizamos como plataforma para seguir demandando las injusticias y la falta de equidad a la que aún debemos someternos por el simple hecho de haber nacido bajo este sexo.

Si bien, las mujeres hemos ganado, con sudor, trabajo, críticas y pérdidas, terreno en este patriarcado, el camino por recorrer aún es muy largo, no sólo en la vida civil, sino en la educativa, la científica, la artística, la matemática, la literaria y por su puesto la deportiva.

Sí, seguramente algunos de los que estén leyendo estas líneas dirán “pero si el deporte es uno de los rubros más igualitarios, un vehículo que conduce a la equidad y al empoderamiento de las mujeres y las niñas” a lo que mi respuesta es: utópicamente sí, es este el conducto, pero hablando desde las acciones nada se aleja más de la realidad.

Hasta hace algunos meses, pensaba que la gimnasia era uno de los deportes que quizá más se encaminaba hacia la igualdad de género, y es que por lo menos las reglas de la Federación Internacional de Gimnasia se han ido amoldando en los últimos años, pero Río 2016 me enseñó que por mucho trabajo que hagan las Federaciones en el ámbito “interno” [que también está muy distante de la equidad] nada pasará si no educamos a nuestras audiencias, a nuestros deportistas, entrenadores, jueces y familias a no caer y ser parte de la imagen marginada que los medios presentan sobre lo femenino.

Seguimos dando el valor a la atletas mujeres desde la visión retrógrada de lo que es bello, atractivo y “femenino” y no por las cualidades que como deportista poseen y mucho menos a la historia de lucha que hay detrás de sus carreras.Continuamos haciendo y reforzando juicios de género basados en los estándares obsoletos de perfección, sexualizando a nuestras atletas, periodistas, conductoras y cualquier mujer que haya decidido incursionar en lo deportivo, rechazándolas, criticándolas y humillándolas sino cumplen con nuestra ya amoldada visión.

La discriminación de género en todos los ámbitos del deporte no sólo es real sino evidente y al mismo tiempo invisibilizada por todos quienes de alguna u otra forma participamos en ella, yo misma he callado por miedo a ser categorizada, rechazada y criticada, pero ahora comprendo que silenciar ante la nefasta realidad que nos aqueja, no es más que una forma de ser cómplice de la misma sociedad que rechazo.

Por ello, abiertamente y sin miedo lo digo ¡No! El deporte, como la vida, no es igualitario está dominado por lo masculino y lo seguirá siendo mientras no digamos ¡Basta! y comencemos a concientizar que la distancia hacia la igualdad de derechos y oportunidades entre hombres y mujeres es aún abismal.