Durante años las gimnastas siguen la misma rutina: entrenamientos de dos sesiones seis veces a la semana, dieta controlada, pocas salidas sociales. Las visitas a médicos, fisioterapeutas, nutriólogos son obligaciones semanales y algunas veces diarias. El estrés es parte de la vida, no sólo por las competencias, ni por las dolencias físicas o los momentos de debilidad mental y emocional, sino por la presión de estar a la altura de las expectativas de nuestros entrenadores, familiares, compañeras de equipo, de nuestros seguidores, y por qué no decirlo, también de nuestros detractores.

Cuando vemos a una atleta en acción olvidamos a menudo la historia que hay detrás; Competir es quizá la parte más sencilla de un largo y complicado camino al que más de una vez se ha querido renunciar, pero al que nos aferramos por un sencilla razón: el amor a lo que hacemos.

Ejemplo de ello es la australiana, Larissa Miller, quien experimentó uno de los momentos más difíciles de su carrera, pero quizá también uno de los que más la han hecho crecer como atleta y ser humano.

Australia no había conseguido su pase como equipo ni en el Campeonato del Mundo del 2015 ni en el Test Event unos meses antes de los Juegos, por lo que de acuerdo a las reglas de la Federación Internacional de Gimnasia sólo se les otorgaría un espacio. Bajo esta premisa y tomando en cuenta los resultados del selectivo en conjunto con los de los últimos años, Miller, de 24 años, había sido seleccionada por el Comité Olímpico de su país como la única representante en gimnasia para los Juegos Olímpicos de Río.

Larissa Miller Rio 2016

Tras la elección de Miller, se quedaba fuera una de las figuras más sobresalientes de la gimnasia australiana, Lauren Mitchell, olímpica en Beijing 2008 y en Londres 2012, finalista olímpica y medallista mundial, quien debido a sus constantes lesiones había estado inactiva la mayor parte del ciclo olímpico y a quien su participación en el selectivo nacional no le fue suficiente para imponerse a Miller. Pese a que la gimnasta se manifestó contenta con su actuación y respaldaba públicamente la elección de Larissa sobre ella, las críticas no se hicieron esperar, y Miller tuvo que continuar la última etapa del proceso bajo la mira y los comentarios negativos de aquellos que no apoyaron su elección.

Larissa, especialista en asimétricas y manos libres llegó a Río con la experiencia de cinco Campeonatos del Mundo y unos Juegos Olímpicos, dispuesta ha escribir su propia historia. Su calidad gimnástica en ambos aparatos la avalaban y le daba amplias posibilidades a alguna final, sin embargo también era consciente que su actuación debía ser perfecta pues la competencia con el resto de las gimnastas sería dura y la diferencia entre quienes lograran las finales y las que no sería mínima.

La participación de Miller en asimétricas no dejaba nada que desear, era limpia y digna de unos Juegos, pero la nota no le sería suficiente para colocarse entre las primeras ocho. En manos libes su actuación  marchaba a la perfección: madurez, elegancia, sutileza, belleza y expresión, la australiana estaba dando una de sus mejores rutinas, hasta la última de sus líneas, momento en el que una inesperada caída puso fin a su participación en Río.

 

Larissa Miller Rio 2016

 

Comencé la gimnasia cuando tenía cinco años porque mi hermana mayor la practicaba. Estaba fascinada con ella, era tan divertida y con el tiempo no había cosa que amara más que estar en el gimnasio entrenando.De pronto, dejó de ser divertida, era dura, estrenaste y llena de presiones. Pero por supuesto el amor a ella no me permitía dejarla, incluso aún en los momentos en que la odiaba.

En Río, competí en mis segundos Juegos Olímpicos, y ciertamente no fueron como los esperaba ni como los deseaba; Pero estar ahí y hacer mis rutinas fue una de las experiencias más grandes de mi vida.

Comencé bien mi competencia, di un gran ejercicio de asimétricas, lo que me hizo sentirme confiada y segura, estaba disfrutando cada segundo de la posibilidad de estar por segunda ocasión en el máximo escenario mundial y qué mejor que a lado de mi entrenador. Fui parte de un grupo mixto lleno de maravillosas gimnastas y seres humanos. Mi rutina de manos libres estaba yendo muy bien, gozaba del momento y sabía que tenía posibilidades hasta que lamentablemente caí sentada durante mi última línea acrobática y con ello puse fin a mi experiencia olímpica.

Tan pronto como caí, lo único en lo que pude pensar fue en la gente que me había criticado y portado negativa respecto a mi elección como la única representante de Australia en estos Juegos. Me preguntaba en lo que estarían pensando y lo que ahora dirían sobre mí.

Me sentía más destrozada por ello que por el hecho de haberme caído en el aparato que más disfruto. Dejé todo en la competencia y sí tomé el riego, un riesgo que sabía tenía que tomar si quería tener la posibilidad de estar en una final olímpica.

Una vez llegué a la Villa Olímpica, me di cuenta que mis redes sociales estaban repletas de mensajes de apoyo y recibía también tanto amor por parte de todo el equipo olímpico australiano, mis compañeras de equipo, mi familia, mis amigos y mis fans.

En ese momento descubrí que los Juegos Olímpicos son mucho más que una competencia. Son más bien acerca de un todo, son el camino, el proceso, las interminables horas de entrenamiento y  la capacidad de sobreponerte a los obstáculos, son sobre lo que has tenido que pasar para llegar ahí.

Así que con esa conclusión llegaron a mí dos frases:

” Nadie puede hacerte sentir menos sin tu consentimiento”.

Y es que ese día yo había dejado al competencia sintiéndome totalmente devastada porque había dado motivos a toda esa gente que no había aprobado mi elección, pero después de pensarlo por un tiempo decidí, sí, “tengo el derecho de sentirme decepcionada con mi actuación de manos libres, pero lo hice y merezco estar aquí, no sólo por los años dedicados a este deporte y las incontables horas que he entrenado, sino por todas las cosas a las que he tenido que sobreponerme para estar aquí”.

Y finalmente:  “Prefiero haberlo dado todo y haber fallado que no haber siquiera tomado el riesgo de hacerlo”.

Espero que los futuros atletas puedan tomar algo de mi experiencia. No porque hayas tenido un mal día, competencia o temporada, significa que no merezcas estar en donde estás, significa que eres humano y que incluso los campeones caen.

Sigue creyendo en ti, especialmente cuando los demás no lo hacen y lo más importante: no importa a donde te conduzca, el camino, siempre siempre merecerá la pena.

Larissa Miller

Traducción: Andreea Balcázar
Fotografía: David Ramos/Getty Images